miércoles, 12 de octubre de 2016

La fiesta nacional en España y en los países cercanos

El 12 de octubre se celebra el “día de la hispanidad”, remoción semántica de la hoy imposible denominación “día de la raza”, que por decenios fue como se tituló a tal efemérides. El 12 de octubre glorifica la conquista de América. La celebración del colonialismo es pues la fiesta nacional. Los valores patrios del nacionalismo español, si entendemos que la fiesta nacional ensalza eso, siguen atrapados en un relato premoderno de festejo de hazañas de mal gusto.

Si prestamos atención a los países que son el espejo en el que nos miramos, los días señalados como fiesta nacional tienen una significación completamente distinta. Celebran la democracia, la república o algún proceso significativo en la construcción de imaginarios de progreso y civilización.

Los franceses celebran el 14 de julio, día del asalto a la Bastilla en 1789, y con ello el inicio de la revolución francesa. Los norteamericanos el 4 de julio, conmemorando su independencia del dominio británico. Los italianos en su fiesta nacional, señalada el 2 de junio, brindan por la república de 1946, tras la derrota del fascismo. Los alemanes celebran el 3 de octubre por su reunificación de 1990. Los portugueses señalan el fallecimiento del escritor Luís Vaz de Camoes ocurrido un 10 de junio (1580) como fiesta nacional. Los griegos ensalzan su No al ultimátum lanzado por Mussolini el 28 de octubre 1940. El 21 de julio, Bélgica, sede de la capital de la UE, celebra el día de su construcción nacional. Incluso, entre los bárbaros más próximos (los rusos, por supuesto) no se celebran conquistas ni colonialismos, sino el nacimiento de la nueva república (12 de junio) tras la desaparición de la URSS. El resto de países del mundo que fue sometido al colonialismo celebra como día nacional el que marcó su fecha de independencia, y con ello la derrota de las metrópolis.


El nacionalismo español desfila el 12 de octubre celebrando el colonialismo, y apostilla el mal gusto con los legionarios que marchan bajo la X Bandera Millán Astray.

martes, 4 de octubre de 2016

Los errores de las izquierdas nos dejan un PP para largo tiempo

No hay más responsable de la continuidad del PP en el gobierno durante un largo futuro que la mala gestión de los resultados electorales realizada por Podemos y el PSOE. Con las elecciones de diciembre de 2015 se abrió una oportunidad de oro para producir un cambio en el gobierno del estado, pero las apuestas tácticas realizadas por las izquierdas no convergieron para hacer de esa posibilidad una realidad inmediata.

El PSOE, asustado por la emergencia de Podemos, acostumbrado a jugar en la izquierda sin rivales, estuvo más preocupado de bloquear un acuerdo con Podemos que de buscar un entendimiento que permitiese iniciar un nuevo ciclo político en el país. Se enrocó en una propuesta que no tenía recorrido, pactando con Ciudadanos una investidura imposible. Sonaba más bien a una puesta en escena de una alternativa irreal, que a un interés serio por construir una opción de gobierno de cambio. El PSOE usó esa simulación para arremeter contra Podemos en vez de para garantizar la salida del PP del gobierno. Un error táctico que ha tenido consecuencias estratégicas demoledoras para el propio PSOE, y ha favorecido el manteniendo del gobierno de los populares, seguro en la próxima legislatura, y probable en alguna más. Tras las elecciones de julio las opciones se habían reducido considerablemente. El PSOE estaba más debilitado y su dirección crecientemente cuestionada, de tal modo que en estos últimos meses las opciones de un gobierno alternativo se habían reducido de forma muy considerable.

Por su lado, Podemos también gestionó mal los resultados de diciembre. Estuvo más preocupado de su rivalidad con el PSOE, de la disputa de ese espacio, que de plantear un gobierno que permitiera sacar al PP del poder. Un error táctico muy grave que también ha tenido consecuencias estratégicas para Podemos y para el conjunto de la izquierda. La puesta en escena realizada por la dirección del partido repartiendo los ministerios y siendo muy beligerantemente anti PSOE, fue una declaración de intenciones que ponía de manifiesto que no se contemplaba un acuerdo real de gobierno. El argumento para no buscar a toda costa un acuerdo con el PSOE fue que no bastaba con desalojar al PP, sino que también había que terminar con sus políticas. Y pareciendo razonable esa posición, sin embargo, lo urgente en aquel momento era, precisamente, desalojar al PP, porque de lo contrario no se podría expulsar al PP ni a sus políticas, sino que la falta de acuerdo terminaría fortaleciendo al PP, y hoy sabemos ya que a garantizarle por unos cuantos años el monopolio del poder político. (Sobre esto escribí en el mes de marzo: http://domingogari.blogspot.com.es/2016/03/sugerencia-tactica-pablo-iglesias-para.html)



Ahora todo terminará girando definitivamente hacia la derecha. El ciclo electoral que viene de los países europeos parece que reforzará a las fuerzas derechistas, cualquiera de los candidatos que gane la Casa Blanca en noviembre lo hará con políticas derechistas, y España que podía haber sido una excepción en sentido opuesto se mantendrá en esa misma ola. Una vez proclamado el nuevo gobierno se recomenzará con los nuevos recortes de gasto público, con el problema catalán empantanado, con las legislaciones regresivas en el plano social y de las libertades y con la insufrible y tendenciosa TVE promoviendo ideología conservadora a troche y moche.

jueves, 8 de septiembre de 2016

El 60% de Ana Oramas

Durante la sesión de investidura de Mariano Rajoy, en el turno de Ana Oramas, se produjo un intercambio de buenas palabras entre ésta y el presidente en funciones que resumo de memoria. Rajoy, respondiendo a la diputada de CC, dijo que en Canarias las cosas iban bien, que crece la economía y se reduce el paro, que las cifras dan razón a su buen quehacer económico. La diputada de CC contraargumentó que el crecimiento de la economía canaria no se debía a la acción del gobierno central, sino a una serie de imponderables de otra naturaleza y, en cuanto a lo del crecimiento del empleo apostilló que sí, que es cierto que ha crecido el empleo, pero que el 60% de los nuevos puestos han sido ocupados por personas que no son canarias. Y es posible que tal dato sea cierto, aunque debo decir que he buscado alguna fuente que me lo corrobore y no la he hallado. Siendo consciente de cómo funciona el mercado laboral en Canarias, en especial el sector turístico, la cifra puede ser perfectamente lógica. En realidad, diría que incluso en términos globales podría ser más alta, o al menos esa sensación se le queda a uno si se da una vuelta por las ciudades turísticas de Canarias, en donde cualquiera puede percatarse de que el grueso de la población trabajadora de la zona, efectivamente, no es isleña.

Dando por bueno ese dato de la diputada de CC, la pregunta que hay que plantearse seguidamente es ¿y qué ha hecho CC en varias décadas de disfrute del poder autonómico para que eso no sea así? Y la respuesta, que también le viene a uno inmediatamente a la cabeza es que no ha hecho nada. No ha formado a nuestra juventud en el trilingüismo o bilingüismo, tan necesario en una economía como la nuestra. El sistema educativo no ha cumplido la función central de adaptarse a la sociedad terciaria en la que vivimos. Más allá de producir leyes para favorecer la transformación del suelo en mercancía, los gobiernos autónomos han hecho una dejación notable de sus responsabilidades en cuanto a garantizar que la población de las islas pueda trabajar y ganar un sueldo digno (tasa de paro 27,3% para el II trimestre de 2016 según la EPA y ¡12 millones de turistas!). No ha hecho nada o casi nada para ir conquistando posiciones en los mercados de origen de nuestros productos (el turista). No ha hecho nada o casi nada para crear un sistema de reciprocidad entre el sector primario, el secundario y el turismo. No ha hecho nada o casi nada para profundizar una vía diversificadora de nuestra economía, aprovechando la coyuntura de desestabilización en el Mediterráneo, que nos permita salir de la extrema dependencia turística. 

Canarias es un territorio densamente poblado, pero los gobiernos autónomos no abordan este asunto con la seriedad que requiere. No podemos esperar que lo haga el gobierno central porque, en general, tiene una desorientación muy aguda acerca de Canarias, gobierne quien gobierne. No es extraño, también eso sucede en el mundo académico. Usando una terminología nacionalista diría que en Madrid, como centro del poder, y en la península, por extensión, no tienen ni idea de qué es Canarias ni de cómo se mueven las cosas por aquí. Esto, por otra parte, es histórico. Ya les pasó con Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Pero ahora estamos en otro mundo, con otras contradicciones y nuevas necesidades. Estamos en la UE y el mundo se mueve en grandes bloques geopolíticos, lo que no obsta para que podamos afrontar los problemas serios que tenemos en nuestro territorio y, que nadie, de ningún otro sitio, va a solucionar si nosotros mismos no lo hacemos.

Miguel Morey, que no es canario, ni vive en Canarias, sino que es profesor de filosofía en la Universidad de Barcelona y es especialista en Nietzsche y en Foucault, nos advertía en 1996 sobre la necesidad de mimar las islas. Entonces teníamos 1.606.534 habitantes (hoy estamos en los 2.100.306 [ISTAC]), y nos decía que: “Las islas son lugares singulares (…) Los islas son otro mundo (…) Las islas son sistemas con características diferenciales respecto a los continentes (…) se caracterizan por tener mayor valor ambiental, límites territoriales bien definidos, mayor proporción de zona litoral, recursos limitados (…) mayor inestabilidad biogeográfica, socioeconómica y cultural, mayor fragilidad y vulnerabilidad (todo ello) hace de las islas lugares a la vez privilegiados y amenazados, por lo que exigen una gestión más cuidadosa que los territorios continentales. Las amenazas provienen normalmente de las tierras continentales. Antiguamente se manifestaban preferentemente como incursiones armadas -piratería y guerras de conquista- mientras que en la actualidad son de naturaleza socioeconómica, siendo las más frecuentes el desarrollo industrial y el turismo”. La fragilidad y la vulnerabilidad de los espacios se produce por “la constante incorporación de nuevos elementos (vegetales, animales, personas) procedentes de fuera, capaces de producir cambios que podrían ser asimilados en territorios continentales, pero que no pueden serlo en las islas, produciendo desequilibrios a veces catastróficos”. La crisis que comenzó en 2008 y el desmesurado crecimiento demográfico de la década pasada son secuencias catastróficas para la población canaria. Concluye Morey citando a Towle, “las islas son como especies amenazadas”. No está de más señalar que Ed.Towle es un reconocido especialista e investigador para la conservación del medio ambiente en las islas pequeñas, particularmente del Caribe. Fue el impulsor de la fundación para los estudios insulares Island Resources Foundation (http://www.irf.org/about/) cuya sede material está en St.Thomas en las Islas Vírgenes (EE.UU.). Las islas, en este caso las nuestras, necesitan que se aborden los graves desafíos sin demora. Sin embargo, los sucesivos gobiernos autónomos no han estado a la altura de las circunstancias y no parece que estén por la labor de estarlo. 


sábado, 11 de junio de 2016

EL SENADO SÍ ES IMPORTANTE

Oímos decir con cierta asiduidad que el Senado sería mejor cerrarlo porque es una Cámara inútil, que no tiene una función específica, y que es un cementerio de elefantes. Y todo eso es cierto, al menos en parte. Pero no es esa la cuestión que nos interesa destacar ahora. Además de lo anterior, el Senado tiene una función de importancia notable, cuando no existen mayorías absolutas en el Congreso, y más cuando la mayoría del Congreso es distinta de la del Senado. Y eso es lo que va a ocurrir el próximo día 26 de Junio. El Congreso tendrá una mayoría de centro izquierda, y si no lo remediamos el Senado tendrá mayoría absoluta del PP.

¿Y qué puede hacer el PP con esa mayoría absoluta en el Senado? La Constitución lo dice claramente en su artículo 90. Si el Congreso remite un proyecto de ley al Senado, éste tiene, si está en disconformidad con dicho proyecto de Ley, la facultad de enmendarlo o vetarlo obligando a que el Congreso tenga de nuevo que volver a aprobar dicha propuesta de Ley, todo ello en un plazo que va de los veinte días a los dos meses, dependiendo de si la tramitación se hace por vía de urgencia o no.

En un escenario político tan complejo, en el que las mayorías se negociarán permanentemente, lo que hasta ahora ha sido una función menor del Senado puede jugar un nuevo papel. Primero de bloqueo de las decisiones tomadas en el Congreso, y después de desgaste de un presumible gobierno de centro izquierda, tratando de cortocircuitar las mayorías parlamentarias. Por usar un símil automovilístico, obligando al Gobierno y al Congreso a caminar con el freno de mano puesto, y calentar así toda la maquinaria.

El poder de veto del PP en el Senado puede ser suprimido si los resultados electorales consiguen que no disfrute de mayoría absoluta en la Cámara Alta, porque ese poder de veto sólo lo otorga la posesión de dicha mayoría. Por eso es clave el próximo 26 dejar sin esa opción al PP, si queremos que un gobierno de centro izquierda acometa reformas de gran calado sin tener la amenaza de veto pendulando como una espada de Damocles.


En el 20D no se tuvo en cuenta esta cuestión y ello trajo como consecuencia una abultada mayoría del PP. Ahora sería conveniente que esto no volviera a suceder, si no queremos ver como medidas políticas antiausteridad quedan encalladas en la procelosas aguas de la burocracia senatorial. El desafío que tiene planteado Unidos Podemos en Canarias es ampliar la base de representación senatorial, sumando a los dos logrados en diciembre de 2015 unos cuantos más. Ello ayudará a debilitar al PP y dar un empujón de gran valor a las fuerzas del cambio. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

Sugerencia táctica a Pablo Iglesias para la ronda negociadora

El escenario internacional va complicándose con los meses a Este y Oeste. En los EE.UU está tomando cuerpo la posibilidad de una presidencia republicana, que en el mejor de los casos la ocuparía el extremista Ted Cruz, que es un fanático cristiano evangélico, defensor de todos los valores del conservadurismo más extremo en los EE.UU. Neoliberal acérrimo, aguerrido defensor de las armas, promete duras medidas contra los inmigrantes, enemigo del liberalismo moral, es calificado por el diario madrileño La Razón como radical de derechas. A su derecha, lo cual ya es verdaderamente increíble, se encuentra Donald Trump. Este filofascista sigue avanzando como principal candidato presidencial del Partido Republicano y conserva una distancia significativa de delegados (446), con su perseguidor más inmediato Ted Cruz (347). La alternativa republicana será, por tanto, muy radical de derechas quienquiera que sea elegido candidato a la presidencia.

El Partido Demócrata tendrá una candidata, si se confirma la mayoría de Hillary Clinton frente a Sanders, lo que parece muy probable, dado que Clinton ha obtenido hasta ahora 1.221 delegados por los 571 de Sanders. Pero Clinton tiene un talón de Aquiles que seguramente será explotado en campaña, y es el asunto de los mail de su cuenta privada, que usó siendo Secretaria de Estado. Eso es un problema latente que puede hacerle mucho daño en la campaña presidencial y darle ventaja al líder republicano que compita contra ella.

Del Este los problemas migratorios van a seguir acentuándose, y con ellos degradándose los derechos humanos y las viejas “políticas humanistas” de Europa. Las relaciones con Turquía entran en un momento de tensión considerable, por su papel en el conflicto Sirio y sus desencuentros con Rusia. La UE vive tiempos de incertidumbre y sus costuras más democráticas parecen quebrarse (Schengen, políticas sociales, etc.), sin embargo, el plan neoliberal sigue operativo. Un desafío abierto y en soledad a las políticas de la Troika traerá aparejada una derrota del movimiento popular, y de su expresión electoral, como ocurrió en Grecia. La alianza neoliberal en la UE es aún poderosa y no encuentra contestación ni en Alemania ni en Francia, que sería en donde de verdad, junto con los del sur, podría producirse un cambio de dirección en las políticas de la Unión.

En el Estado español una amplia mayoría parlamentaria respalda lo esencial de las políticas neoliberales, y la correlación de fuerzas surgidas del 20D sigue siendo muy favorable al neoliberalismo, aunque es cierto que Podemos ha supuesto la apertura de un importante espacio para la disidencia, y un suelo a partir del cual conseguir a medio plazo una mayoría política y social. Pero hoy aún no es así.

Como consecuencia de los escenarios anteriores una táctica a medio plazo (dos años), nunca exenta de riesgos, consiste en dejar que gobierne el PSOE en minoría junto con Ciudadanos, garantizando su investidura con una abstención negociada, a cambio de algunos puntos básicos, entre los que deben estar: 1) impulsar una RTVE independiente y crítica, que servirá para ahondar en el debilitamiento del PP, entre otras cosas, como hacer verdadera pedagogía democrática con la cuestión nacional en España, porque sin resolver este asunto seguiremos estancados con el problema territorial por siglos, como de hecho lo estamos; 2) Continuar y ahondar las políticas contra la corrupción; 3) Supresión de la ley mordaza y, en fin, algunos otros puntos que la dirección del partido crea conveniente, pero sabiendo que estaríamos en un escenario de exigencia de principios básicos, y jugando con la opción del voto negativo en el Parlamento, cuando las medidas gubernativas no se avengan a criterios compatibles con los de Podemos. 


Con ello se ganará tener un gobierno del estado en minoría que se verá obligado a negociar todas la medidas de calado en la legislatura. Se deja que tanto el PSOE como Ciudadanos se desgasten negociando con la actual troika las partes de su acuerdo no compatibles con las exigencias de recortes. Podemos se coloca a la expectativa analizando cómo evoluciona la política internacional y de la UE, y se prepara para unas más que probables elecciones tras una legislatura corta. También se consolida como la mayoritaria oposición de izquierdas. Me parece que es preferible ese escenario que abocar al país a nuevas elecciones en las que los resultados son inciertos, el desgaste mucho, y las ganancias pocas.

jueves, 25 de febrero de 2016

EL 30 ANIVERSARIO DEL NO CANARIO A LA OTAN Y LA REFORMA DEL ESTATUTO DE AUTONOMÍA

Las deudas de la dictadura franquista con los norteamericanos alentaron la posibilidad de que el Archipiélago sirviese de base militar, tal como también lo era Azores, servidas a los EE.UU por la dictadura de Salazar antes del final de la II Guerra Mundial.  Se rumoreó hasta la saciedad sobre la opción de que Arinaga, o algunos otros puntos de Canarias, fuesen destinados para que se instalase una base aeronaval estadounidense. No llegó a concretarse, aunque puntualmente Canarias sirvió como base logística para la OTAN y los norteamericanos en algunas ocasiones, durante la década de los setenta.

Con la muerte del dictador la relaciones entre España y los EE.UU cambiaron de signo ligeramente, porque además de la firma de los acuerdos bilaterales, España optó a insertarse en la OTAN, entrando de esta manera a formar parte de una coalición militar que englobada a un número importante de países. Aunque los norteamericanos seguían mandando en la coalición, sin embargo, tener una obediencia compartida producía la sensación de ser menos débiles que manteniendo solo los acuerdos bilaterales.

España entró en la OTAN con el gobierno de Calvo Sotelo en 1981, tras el intento del golpe de Tejero, y las consecuencias derivadas de tal intentona. La campaña electoral siguiente fue la de octubre de 1982, en la que el PSOE consiguió mayoría absoluta por primera vez, sostenida en dos promesas electorales: Creación de 800.000 puestos de trabajo y convocatoria de referéndum para salir de la OTAN. Ya se sabe en que quedaron ambas. 

Desde unos años antes en Canarias se había articulado un movimiento contra la OTAN, que terminó adquiriendo una notable envergadura cuando se acercaba la hora de la verdad el 12 de marzo de 1986. El movimiento social antiOTAN y antimilitarista obtuvo un éxito histórico. En una campaña a pie de calle, sin redes sociales, derrotó al gobierno socialista y ganó el referéndum. Canarias (con País Vasco, Cataluña y Navarra) votó mayoritariamente No. El monopolio televisivo, entonces sólo existía la TVE,  estaba en manos del gobierno, y los grandes medios de radio y prensa apoyaban el , por eso el valor de aquel No fue una demostración firme e inequívoca del proyecto pacifista de la mayoría de la sociedad canaria. 

Aquel No comportaba también una propuesta de salida a la situación, dado que en el conjunto del Estado había ganado el .  La principal de todas ellas fue la que consideraba que Canarias debía ser un territorio de paz y de no agresión sobre los pueblos vecinos del continente africano. Esta idea se esbozó en sentido positivo proponiendo un estatuto de neutralidad para el Archipiélago, que defendieron fuerzas transversales desde el punto de vista ideológico, y el movimiento por la paz y contra la OTAN. 

La edición de trabajos jurídicos quiso darle apoyatura sólida a dicha petición. Antes de haberse aprobado el Estatuto de autonomía en 1983, se plantearon varias alternativas a tener en cuenta. Si el Estado tenía un vivo interés en estar insertado en la OTAN, cabía la posibilidad de que declarase el Archipiélago como zona de neutralidad. España debería negociar en este caso con otros estados la creación de Canarias como zona neutral, y recibiría dicha garantía del propio Estado español y de los demás estados firmantes del acuerdo. La dificultad que se observaba era más que nada de orden político (no jurídico), porque en el Tratado de la OTAN no se hace referencia alguna a este supuesto. Desde esta zona neutral no podrían efectuarse ni operaciones militares ni admitirse a su vez acciones hostiles contra la zona. 

La neutralidad implicaría un alto grado de desmilitarización y la prohibición expresa de instalación de bases militares extranjeras, además de la garantía de usar las propias solo para defensa del territorio en caso de ser agredido. El Estado debería garantizar en tal supuesto que el Archipiélago no sería utilizado para la agresión de los países ribereños. Esas dos características señaladas, desmilitarización y neutralización, deberían estar recogidas en el Estatuto de Neutralidad y en el de Autonomía. 

Aunque la cuestión no se resolvió de ese lado, sino más bien del contrario, en el sentido de que Canarias ha estado inserta de lleno en la política militarista de la OTAN, la opción de revisar el asunto sigue siendo válida. En la próxima reforma del estatuto de autonomía debería explorarse sus posibilidades.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

España y Cataluña tras el 20D

Las naciones se construyen políticamente cuando existe una voluntad decidida de hacerlo. Es el caso de la historia política de Cataluña y de España desde el inicio de la democracia en 1977, por no irnos a periodos anteriores a la dictadura. Los dos países tienen pulsos políticos diferentes, y cada vez que hay ocasión de plasmarlo se pone de manifiesto. Sobre todo este hecho cobra especial relevancia en momentos de cambio de sistema o de crisis, es decir, en situaciones fuertemente marcadas por tensiones y procesos de transformación.

Si tomamos las elecciones “constituyentes” de 1977 veremos como existe una tendencia diferente en los dos países. En Cataluña triunfaron las opciones socialistas y comunistas, alcanzado los primeros, bajo el liderazgo del PSC, que es un partido federado al PSOE, pero no es el PSOE propiamente, un 28% de los sufragios. El segundo partido más votado fue el PSUC (18%), que era el partido federado al PCE. Luego vino la UCD, el partido de Adolfo Suárez, con un 16%. Tras ellos una serie de formaciones nacionalistas, entre las que se encontraba Esquerra, y otras que obtuvieron el 5, 4 y 3% respectivamente.

Tal panorama de triunfo de las izquierdas socialistas y comunistas con un 46% del respaldo electoral, encendió la luces rojas en la sala de máquinas de los tripulantes de la transición, y les hizo ver la necesidad de traerse a Josep Tarradellas del exilio, para ponerlo al mando de la Generalitat y reconducir de esa forma la transición en Cataluña hacia el centro, porque había emergido del fascismo como una país de mayorías claramente de izquierdas.

En el caso España, o el resto del país, como prefieran denominarlo, la situación era justo la inversa. La primera fuerza fue la UCD (35%) de los sufragios, que junto con el 9% de Alianza Popular (antecesor del PP) sumaban una mayoría absoluta de 181 diputados, aunque UCD gobernó en minoría sin recibir el apoyo de Fraga.

A continuación vendrían cambios significativos a lo largo de las décadas siguientes, pero los comportamientos políticos de ambas poblaciones siguieron siendo opuestos, aunque la cesura se producía en torno al eje catalanismo/españolismo.

En estas elecciones, nuevamente, contemplamos la existencia de dos países bien diferenciados en términos políticos. Los comportamientos electorales así lo atestiguan. En Cataluña, En Comú-Podem (24%) gana claramente las elecciones. Segunda fuerza ERC (15%) igual que el PSC. La cuarta son los nacionalistas de derecha de DL, también con el 15%. La quinta Ciudadanos (13%) y, los últimos, el PP (11%). Este escenario es completamente distinto al producido en “España”, en donde la primera fuerza es el PP (28%), la segunda el PSOE (22%), la tercera Podemos y “amigos” con el 20%, 16,5% si restamos el 3,5% que aporta En Comú Podem. Tras ellos Ciudadanos (13%) e IU (3,6%).

Las mayorías sociales en ambos países tienen comportamientos marcados por las respectivas culturas políticas. Ello no quiere decir que tenga que haber una única salida al asunto en términos de independencia. A lo largo de los tres siglos desde 1714, con la que arranca la edad contemporánea y el centralismo borbónico en España, normalmente, los desencuentros graves se fueron solventado por vía de acuerdos. Sin duda, el periodo más dramático fue el de la guerra civil y la posterior dictadura.


El españolismo, que es una forma de ideología, y también de ejercicio del poder, ha contenido muchos elementos retardatarios para el desarrollo de la modernidad en España, y en consecuencia, para los pueblos que la habitan, incluido, por supuesto el catalán. Visto desde esa óptica, quizá no sea el problema central el catalanismo sino, por contra, lo sea el españolismo, de tal manera que para la propia España quizá fuese mejor ser más catalanistas y menos españolista, lo cual no debería de ser ningún problema serio para los españolistas, si tal y como ellos mismos manifiestan todos son españoles, incluidos los catalanes.